Salud integral y bienestar.

Salud Integral
Salud Integral

Consejos y hábitos para una vida plena.

La salud integral es un concepto que abarca todas las dimensiones del ser humano: física, mental, emocional, social, espiritual y ambiental. El bienestar, por su parte, es el estado de satisfacción y equilibrio que se alcanza cuando se cubren las necesidades y se disfruta de la vida. Ambos conceptos están estrechamente relacionados, ya que la salud integral es una condición necesaria para el bienestar, y el bienestar contribuye a mantener y mejorar la salud integral.

Las personas senior, aquellas que tienen más de 60 años, se enfrentan a una serie de cambios y desafíos que pueden afectar a su salud integral y bienestar. Estos cambios pueden ser de tipo biológico, como el envejecimiento celular, la pérdida de masa muscular, la disminución de la capacidad cognitiva, la aparición de enfermedades crónicas, etc.; de tipo psicológico, como el estrés, la ansiedad, la depresión, el duelo, la soledad, la baja autoestima, etc.; o de tipo social, como la jubilación, la viudez, el aislamiento, la discriminación, la dependencia, etc.

Sin embargo, estos cambios no tienen por qué implicar una pérdida de calidad de vida, sino que pueden ser una oportunidad para desarrollar nuevas habilidades, intereses, proyectos y relaciones que enriquezcan la existencia. Para ello, es importante adoptar una actitud positiva, proactiva y resiliente, que permita afrontar las dificultades con optimismo, buscar soluciones y adaptarse a las nuevas circunstancias.

Asimismo, es fundamental cuidar la salud integral y el bienestar mediante la adopción de hábitos saludables que favorezcan el funcionamiento óptimo del organismo, la prevención de enfermedades, el mantenimiento de la autonomía, la expresión de las emociones, el cultivo de la mente, el fortalecimiento de los vínculos sociales y el respeto al medio ambiente. A continuación, se detallan algunos de estos hábitos, agrupados en ocho pilares fundamentales:

 

1. Alimentación para una Salud Integral

La alimentación es uno de los factores que más influye en la salud integral y el bienestar, ya que proporciona los nutrientes esenciales para el funcionamiento del cuerpo y el cerebro, así como para la prevención y el tratamiento de diversas patologías. Una alimentación saludable se basa en el consumo de alimentos naturales, frescos, variados y equilibrados, que aporten la cantidad y calidad adecuada de proteínas, hidratos de carbono, grasas, vitaminas, minerales, fibra y agua. Algunas recomendaciones generales son:

  • Seguir una dieta mediterránea, que incluya frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos, aceite de oliva, pescado, huevos, lácteos, carne magra y especias.
  • Evitar el consumo de alimentos procesados, refinados, fritos, azucarados, salados, grasos y con aditivos artificiales.
  • Moderar el consumo de alcohol, café, té y otras bebidas estimulantes.
  • Beber al menos 2 litros de agua al día, preferiblemente fuera de las comidas.
  • Comer despacio, masticando bien los alimentos y disfrutando de su sabor y textura.
  • Adaptar la alimentación a las necesidades y preferencias individuales, teniendo en cuenta las posibles alergias, intolerancias, enfermedades, medicaciones, etc.
  • Consultar con un profesional de la nutrición en caso de duda o necesidad de un plan personalizado.

 

2. Actividad física regular

La actividad física es otro de los pilares de la salud integral y el bienestar, ya que mejora el funcionamiento del sistema cardiovascular, respiratorio, musculoesquelético, inmunológico, endocrino y nervioso, así como la prevención y el control de enfermedades como la hipertensión, la diabetes, la obesidad, la osteoporosis, el alzhéimer, etc. Además, la actividad física tiene beneficios psicológicos y sociales, como el aumento de la autoestima, la liberación de endorfinas, la reducción del estrés, la mejora del ánimo, el fomento de la interacción y la diversión. Algunas recomendaciones generales son:

  • Realizar al menos 150 minutos de actividad física moderada a la semana, repartidos en sesiones de al menos 10 minutos, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
  • Combinar diferentes tipos de actividad física, como el ejercicio aeróbico (caminar, nadar, bailar, etc.), el ejercicio de fuerza (levantar pesas, hacer flexiones, etc.) y el ejercicio de flexibilidad (estirar, hacer yoga, etc.).
  • Elegir actividades que se adapten a las capacidades, gustos y objetivos de cada persona, evitando el sobreesfuerzo, el aburrimiento y la frustración.
  • Calentar antes de empezar y enfriar al terminar, para evitar lesiones y molestias.
  • Usar ropa y calzado cómodos y adecuados, así como los accesorios y equipos necesarios para cada actividad.
  • Hidratarse antes, durante y después de la actividad física, para reponer el líquido perdido por el sudor.
  • Consultar con un profesional de la educación física o la medicina deportiva en caso de duda o necesidad de un plan personalizado.

 

3. Descanso suficiente y de calidad

El descanso es otro aspecto clave para la salud integral y el bienestar, ya que permite al organismo recuperar la energía, reparar los tejidos, regular el metabolismo, consolidar la memoria, eliminar toxinas, etc. Un descanso insuficiente o de mala calidad puede provocar fatiga, irritabilidad, dificultad para concentrarse, alteraciones del apetito, disminución de las defensas, mayor riesgo de enfermedades, etc. Algunas recomendaciones generales son:

  • Dormir entre 7 y 9 horas al día, según las necesidades de cada persona, manteniendo un horario regular de sueño y vigilia.
  • Evitar las siestas largas o tardías, que pueden interferir con el sueño nocturno.
  • Cuidar las condiciones del ambiente donde se duerme, procurando que sea oscuro, silencioso, fresco y cómodo.
  • Evitar el uso de dispositivos electrónicos, como el móvil, la televisión, el ordenador, etc., al menos una hora antes de acostarse, ya que emiten una luz azul que inhibe la producción de melatonina, la hormona del sueño.
  • Evitar el consumo de sustancias que puedan alterar el sueño, como el alcohol, la cafeína, la nicotina, etc., especialmente por la tarde o la noche.
  • Realizar actividades relajantes antes de dormir, como leer, escuchar música, meditar, etc., que ayuden a liberar la tensión y a preparar el cuerpo y la mente para el descanso.
  • Consultar con un profesional de la salud en caso de padecer algún trastorno del sueño, como el insomnio, la apnea, el síndrome de las piernas inquietas, etc.

 

4. Higiene personal y ambiental

La higiene es otro factor que incide en la salud integral y el bienestar, ya que previene la transmisión de enfermedades, elimina los agentes nocivos, mejora la imagen y la autoestima, etc. La higiene personal se refiere al cuidado del cuerpo, la piel, el cabello, las uñas, los dientes, los ojos, los oídos, etc. La higiene ambiental se refiere al cuidado del entorno donde se vive y se trabaja, como la casa, la oficina, el coche, etc. Algunas recomendaciones generales son:

  • Ducharse o bañarse a diario, usando agua templada y jabón neutro, y secándose bien después.
  • Lavarse las manos con frecuencia, especialmente antes y después de comer, de ir al baño, de tocar objetos sucios, de estar en contacto con personas enfermas, etc.
  • Cepillarse los dientes al menos dos veces al día, usando una pasta dental con flúor y un cepillo suave, y completando la higiene bucal con el uso de hilo dental y enjuague bucal.
  • Limpiar y cuidar las prótesis dentales, auditivas, oculares, etc., si se usan, siguiendo las indicaciones del fabricante y del profesional sanitario.
  • Cortarse las uñas de las manos y los pies con regularidad, evitando dejarlas demasiado largas o cortas, y limpiando debajo de ellas.
  • Peinarse y lavarse el cabello con la frecuencia que se considere necesaria, usando un champú adecuado al tipo de cabello y cuero cabelludo, y evitando el uso excesivo de secadores, planchas, tintes, etc.
  • Afeitarse o depilarse según las preferencias personales, usando productos que no irriten la piel y desinfectando las cuchillas o las pinzas.
  • Limpiar y humectar la piel a diario, especialmente las zonas más expuestas o secas, usando cremas o lociones que contengan protector solar, y evitando el contacto prolongado con el agua caliente, el jabón, el alcohol, etc.
  • Limpiar los ojos con agua o suero fisiológico, retirando las legañas o las secreciones, y evitando frotarlos o rascarlos.
  • Limpiar los oídos con suavidad, sin introducir objetos que puedan dañar el tímpano, y acudiendo al médico en caso de tener exceso de cerumen, dolor, picor, oído tapado, etc.
  • Ventilar y limpiar la casa a diario, eliminando el polvo, los ácaros, los hongos, los insectos, etc., y usando productos de limpieza que no sean tóxicos ni alergénicos.
  • Ordenar y despejar el espacio, evitando el acumulación de objetos innecesarios, que puedan dificultar el paso, la visibilidad o la limpieza.
  • Cambiar y lavar la ropa de cama, las toallas, los trapos, etc., con frecuencia, usando detergentes y suavizantes que no irriten la piel ni el olfato.
  • Reciclar y desechar adecuadamente los residuos, separando los orgánicos, los plásticos, los papeles, los vidrios, etc., y depositándolos en los contenedores correspondientes.
  • Consultar con un profesional de la salud en caso de tener algún problema de higiene personal o ambiental, como infecciones, piojos, sarna, mal olor, etc.

 

5. Estimulación cognitiva

La estimulación cognitiva es otro pilar de la salud integral y el bienestar, ya que mejora el funcionamiento del cerebro, la memoria, la atención, el razonamiento, el lenguaje, la creatividad, etc., así como la prevención y el retraso del deterioro cognitivo asociado al envejecimiento o a enfermedades como el alzhéimer, el parkinson, el ictus, etc. Además, la estimulación cognitiva tiene beneficios emocionales y sociales, como el aumento de la autoconfianza, la satisfacción, el aprendizaje, la comunicación, etc. Algunas recomendaciones generales son:

  • Realizar actividades que supongan un reto intelectual, como leer, escribir, estudiar, aprender idiomas, tocar un instrumento, resolver crucigramas, sudokus, puzzles, etc.
  • Variar las actividades y probar cosas nuevas, que impliquen el uso de diferentes áreas cerebrales, como la lógica, la visión espacial, la música, el arte, etc.
  • Practicar la atención plena o mindfulness, que consiste en prestar atención al momento presente, a las sensaciones, los pensamientos y las emociones, sin juzgarlos ni reaccionar a ellos, sino aceptándolos y dejándolos pasar.
  • Ejercitar la memoria, recordando hechos, nombres, fechas, lugares, etc., tanto del pasado como del presente, y usando estrategias como la repetición, la asociación, la visualización, etc.
  • Mantener una actitud curiosa, abierta y crítica, buscando información, contrastando fuentes, formulando preguntas, expresando opiniones, etc.
  • Participar en talleres, cursos, conferencias, etc., que ofrezcan la oportunidad de adquirir nuevos conocimientos, habilidades y experiencias, así como de intercambiar ideas y puntos de vista con otras personas.
  • Consultar con un profesional de la psicología o la neuropsicología en caso de duda o necesidad de un plan personalizado.

 

6. Expresión emocional

La expresión emocional es otro aspecto esencial para la salud integral y el bienestar, ya que permite reconocer, aceptar y comunicar los sentimientos y las emociones, tanto positivas como negativas, que se experimentan en las diferentes situaciones de la vida. La expresión emocional facilita el manejo de las emociones, la regulación del estado de ánimo, la resolución de conflictos, la empatía, la asertividad, etc. Algunas recomendaciones generales son:

  • Identificar las emociones que se sienten, poniéndoles nombre y siendo conscientes de sus causas, sus efectos y sus consecuencias.
  • Aceptar las emociones como parte natural de la vida, sin reprimirlas, negarlas, exagerarlas o evitarlas, sino reconociéndolas y respetándolas.
  • Comunicar las emociones de forma adecuada, usando el lenguaje verbal y no verbal, y teniendo en cuenta el contexto, el receptor y el objetivo de la comunicación.
  • Buscar formas de expresar las emociones de forma creativa, como el arte, la música, la escritura, el humor, el deporte, etc.
  • Buscar apoyo emocional cuando se necesite, recurriendo a las personas de confianza, como la familia, los amigos, los profesionales, los grupos de ayuda, etc.
  • Ofrecer apoyo emocional cuando se pueda, escuchando, comprendiendo, respetando y ayudando a las personas que lo soliciten o lo requieran.
  • Consultar con un profesional de la psicología o la psiquiatría en caso de tener algún problema emocional, como la depresión, la ansiedad, el estrés, el duelo, la adicción, etc.

 

7. Relaciones sociales

Las relaciones sociales son otro factor clave para la salud integral y el bienestar, ya que proporcionan apoyo, afecto, compañía, diversión, sentido de pertenencia, etc. Las relaciones sociales previenen y combaten la soledad, el aislamiento, la exclusión, la marginación, etc., que pueden afectar negativamente a la salud física y mental. Algunas recomendaciones generales son:

  • Mantener y cultivar las relaciones con la familia, los amigos, los vecinos, los compañeros, etc., mostrando interés, respeto, confianza, gratitud, etc.
  • Ampliar y diversificar el círculo social, participando en actividades, eventos, asociaciones, voluntariados, etc., que permitan conocer y relacionarse con personas de diferentes edades, culturas, intereses, etc.
  • Comunicarse de forma frecuente y efectiva, usando los medios disponibles, como el teléfono, el correo electrónico, las redes sociales, etc., y aprovechando las oportunidades de encuentro presencial, como las visitas, las comidas, las fiestas, etc.
  • Resolver los conflictos de forma pacífica, buscando el diálogo, el entendimiento, el consenso y el perdón, y evitando la violencia, la agresión, la manipulación y el rencor.
  • Respetar la intimidad, la autonomía y la libertad de las otras personas, sin invadir su espacio, su tiempo o sus decisiones, y sin imponer las propias opiniones, creencias o valores.
  • Consultar con un profesional de la psicología o la mediación en caso de tener algún problema social, como la timidez, la fobia social, el acoso, la violencia, el maltrato, etc.

 

8. Cuidado espiritual

El cuidado espiritual es otro aspecto que puede contribuir a la salud integral y el bienestar, ya que implica el desarrollo de la dimensión trascendente del ser humano, que busca el sentido, el propósito y el valor de la vida. El cuidado espiritual puede expresarse de diferentes formas, según las creencias, los valores y las experiencias de cada persona, como la religión, la filosofía, la ética, la naturaleza, el arte, etc. Algunas recomendaciones generales son:

  • Respetar la diversidad de expresiones espirituales, sin imponer ni juzgar las propias ni las ajenas, sino buscando el diálogo, la comprensión y la tolerancia.
  • Vivir de acuerdo con los principios éticos y morales que se consideren válidos, actuando con honestidad, responsabilidad, solidaridad, justicia, etc.
  • Agradecer y celebrar los dones y las bendiciones que se reciben, reconociendo la gratuidad y la generosidad de la vida.
  • Afrontar las dificultades, las pérdidas, el sufrimiento, la muerte, etc., con esperanza, fe, confianza, serenidad, etc.
  • Consultar con un profesional de la espiritualidad o la pastoral en caso de tener algún problema espiritual, como la crisis de fe, la culpa, el vacío, el sinsentido, etc.

Estos son algunos de los consejos y hábitos que pueden ayudar a cuidar la salud integral y el bienestar de las personas senior, pero no son los únicos ni los más importantes. Lo fundamental es que cada persona encuentre su propio camino, su propio estilo, su propia felicidad, y que lo comparta con los demás. La salud integral y el bienestar no son un destino, sino un proceso, una actitud, una forma de vivir. Y nunca es tarde para empezar.

Reflexionar sobre el sentido de la vida, los valores, las creencias, las metas, los sueños, etc., que orientan y motivan la existencia. Practicar la oración, la meditación, el silencio, el ayuno, el retiro, etc., como formas de conectar con la dimensión trascendente, ya sea personal o colectiva, interior o exterior, divina o natural, etc.

Enlaces y Referencias

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